“El Baile de la Lluvia” – Pensamiento Mágico y Supersticiones

Cuando el reforzamiento coincidental se convierte en un problema


Si has leído mis artículos anteriores, probablemente estás familiarizado con mis referencias a la cultura pop. No pediré disculpas por ellas, porque son mucho más que un simple «relleno». Mis años como profesor y terapeuta me han enseñado que, si bien las personas rara vez recuerdan los tecnicismos de su conducta, suelen recordar las emociones evocadas en sesión. Ya sea por mis referencias a Clark Kent (Superman), Ted Mosby o las emociones de Al Revés, el objetivo es el mismo: conectar, simplificar y aprender.

Así que, aquí va otra: ¿Alguna vez has intentado hacer que llueva por amor?

Probablemente no, pero en la primera temporada de Cómo Conocí a Vuestra Madre, Ted Mosby hace exactamente eso. Impulsado por su insaciable deseo de conquistar a Robin, pasa horas haciendo un baile de la lluvia tradicional para evitar que se vaya de fin de semana con un pretendiente. Ted está tan desesperado que recurre a un ritual que no tiene ninguna conexión lógica con el clima. Y entonces, ocurre lo imposible: empieza a llover.

El Reforzamiento Coincidental

Ahora, todos estamos de acuerdo en que el baile de Ted no tuvo nada que ver con la lluvia, fue una simple coincidencia (y un poco de magia de Hollywood). Sin embargo, estos dos eventos completamente independientes parecen asumir una propiedad casi “mágica”, a través del reforzamiento coincidente. 

Los principios del aprendizaje nos dictan que, a través del condicionamiento operante, los comportamientos que son reforzados tienen más probabilidades de repetirse, y los que son castigados tienen menos probabilidades de ocurrir. Aunque sea pura coincidencia, la danza de la lluvia de Ted se ve reforzada cuando empieza a llover. Esto es lo mismo que pasa con el “boli de la suerte” que usaste en tus exámenes de la universidad, los pantalones especiales para las presentaciones con tu jefe o como algunos futbolistas nunca pisan la línea lateral antes de entrar al campo. 

El pensamiento mágico y las supersticiones no son una novedad en el comportamiento humano; han existido desde las primeras civilizaciones. No son el resultado de fenómenos astronómicos, sino de un reforzamiento coincidente y poderoso.

La Ilusión de Control

Pero, ¿por qué Ted hace la danza de la lluvia en primer lugar?

Bueno, los seres humanos tenemos una intolerancia fundamental a la incertidumbre. En situaciones de mucha presión —como un examen, una primera cita o un partido decisivo— nos sentimos impotentes. Los rituales que realizamos nos proporcionan una sensación de control, lo que a su vez reduce la ansiedad inducida por estas situaciones. Al igual que a Ted, nos hace sentir que hemos inclinado la balanza a nuestro favor y que la incertidumbre ha disminuido. Las supersticiones no tienen que ver con la lógica; tienen que ver con la regulación emocional.

El Coste de la Magia

Si estos rituales facilitan la regulación emocional, entonces «¿qué tiene de malo un bailecito?» Aunque estos comportamientos parecen inofensivos, conllevan un costo oculto. Atribuir el éxito en un examen a un «boli de la suerte» erosiona la autoeficacia del individuo. En lugar de atribuir el éxito a la preparación y al esfuerzo que realmente permitieron aprobar, la «victoria» se le adjudica a un trozo de plástico.

Además, ¿qué pasa cuando pierdes ese boli de la suerte? El resultado suele ser un pico de ansiedad que no habría existido de otra manera. Cuando nos volvemos dependientes de los rituales, podemos entrar en un bucle de compulsión. Cuando el ritual eventualmente falla (como inevitablemente sucederá, ya que no posee poder real), rara vez culpamos a la superstición en sí. En su lugar, culpamos a nuestra ejecución del ritual (por ejemplo: «Solo reprobé porque no tenía mi bolígrafo»). Al centrarnos en el ritual, dejamos de abordar los factores causales reales de nuestro éxito, como la preparación, el descanso y los hábitos de estudio, lo que finalmente conduce a comportamientos más rígidos y mayores niveles de ansiedad, logrando exactamente lo contrario de lo que buscábamos: la regulación emocional.

Puede Que No Valga La Pena

Al final, Ted Mosby consiguió su lluvia, pero eso no resolvió la incertidumbre de fondo en su relación con Robin (al menos durante otras 8 temporadas —y sí, ya ha pasado el plazo donde los spoilers están permitidos—). Aunque el baile le dió una sensación de control y un falso impulso de valentía respecto a su «destino», no tuvo ninguna influencia real en el resultado. En cambio, lo puso en riesgo de caer en el peligroso bucle de compulsión. 

Es cierto que algunos rituales pueden ser beneficiosos, como un tenista que mantiene una rutina constante antes de un saque para estimular cadenas conductuales de éxito (o «memoria muscular»). Sin embargo, el peligro surge cuando otorgamos a estos rituales poderes «mágicos», perdiendo de vista nuestra propia agencia. En lugar de intentar que llueva, Ted debería haberse centrado en lo que realmente tenía el poder de cambiar: expresar sus sentimientos por Robin. Tuviera éxito o no, el resultado no sería culpa de algún «destino» místico, sino una realidad que él podría, eventualmente, asimilar y aceptar.

…O, si han visto la serie, simplemente podría seguir durante otras ocho temporadas para terminar exactamente donde empezó.


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