¿Qué es la ansiedad?

Un sistema de alarma mal configurado, no un defecto


Lorazepam, diazepam, sertralina, CBD o ashwagandha: la industria dedicada a «eliminar» la ansiedad es gigantesca. Las redes sociales están inundadas de promesas para eliminar por completo la ansiedad, prometiendo “tratamientos” fallidos. 

Estos llamados “tratamientos” fracasan porque ignoran una premisa fundamental: la ansiedad es una emoción, y las emociones no se pueden eliminar. Solo se pueden regular.

Entonces, ¿Qué es una emoción?

En pocas palabras, las emociones son etiquetas verbales. Son palabras que usamos para identificar sensaciones físicas y pensamientos específicos relacionados con experiencias concretas.

Por ejemplo, si una araña enorme y peluda camina hacia ti, tu corazón se acelera, tus pupilas se dilatan y es probable que surjan pensamientos sobre una muerte inminente. De la misma manera, tu corazón también puede empezar a latir rápido y tus pupilas pueden dilatarse al ver al amor de tu vida caminar hacia el altar el día de su boda. Aunque ambos escenarios desencadenan pupilas dilatadas y un aumento del ritmo cardíaco, las etiquetas que usamos para describirlas son muy diferentes. Uno está ligado al miedo, mientras que el otro está relacionado con el amor y el entusiasmo. Las emociones son las etiquetas que utilizamos para interpretar y comunicar nuestras sensaciones corporales.

Entonces, ¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es un miedo anticipatorio de lo que puede o no llegar a pasar. Por eso experimentamos ansiedad antes de presentar un proyecto escolar, antes de tener una conversación tensa con un amigo o mientras nos preparamos para una primera cita. La ansiedad no se centra en lo que realmente está pasando, sino en lo que podría pasar. Por esto, en mi consulta, es posible que te encuentres con la siguiente pregunta: ¿lo crees o lo sabes?

En esencia, a la ansiedad no le podría importar menos la realidad.

¿Porqué me pasa? 

Las emociones se aprenden a través del condicionamiento clásico. En palabras más sencillas: las emociones son el resultado de asociar eventos y respuestas fisiológicas que ocurren simultáneamente.

Volvamos al ejemplo de la presentación escolar. Imagina que estás de pie frente a la clase, pierdes el hilo de lo que decías y ves la expresión juicioza de tu profesor. Inmediatamente te sonrojas, el corazón te late con fuerza en el pecho y las manos te empiezan a sudar. Esas sensaciones físicas son una reacción natural, no aprendida ante un evento repentino y estresante. Como todos estos detalles ocurrieron al mismo tiempo, tu cerebro asocia una situación que antes era neutral (hablar en público) con la amenaza muy real de pasar vergüenza.

Avancemos dos semanas en el tiempo, y tu profesor menciona que habrá otro proyecto. De repente, tu pecho se oprime, te empiezan a sudar las palmas de las manos y tu respiración se vuelve superficial. ¿Por qué? Tu cerebro reconoce esa señal y dispara el sistema de alarma para prepararte para el peligro. No estás reaccionando a una amenaza presente; estás reaccionando a un recuerdo condicionado.

¿Porqué toma control de mi vida?

En la psicología conductual, existe un concepto llamado generalización. Somos tan buenos consiguiendo patrones, que lo hacemos al instante. Por ejemplo, una vez que un niño aprende lo que es un «perro», puede aplicar fácilmente esa etiqueta a un Beagle o a un Bulldog, independientemente de las diferencias físicas entre las razas. 

Pasa lo mismo con la ansiedad, aunque la diferencia está en que adoptamos una estricta política de «más vale prevenir que lamentar». Lo que comienza como un miedo específico a una presentación en clase, pronto se activa cuando te piden que leas en voz alta, o incluso cuando levantas la mano. Poco a poco se amplían los criterios de la alarma y terminas experimentando ansiedad en un círculo de situaciones cada vez mayor, todo porque estás intentando protegerte de una amenaza que aún no ha sucedido, y que puede que ni siquiera exista.

Por esto, me gusta decir que la ansiedad es un sistema de alarma mal configurado, que a veces se dispara en el momento equivocado. Por esto, el objetivo no es destruir la alarma, sino recalibrarla. No estás roto ni defectuoso; simplemente estás funcionando en exceso para protegerte.

Ahora que hemos extendido, qué es la ansiedad y de dónde viene, el siguiente paso es mirar bajo el capó. En el próximo artículo, desglosamos por qué se siente como si estuvieras atrapado en un bucle interminable y, lo que es más importante, cómo salir de él.


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